A casi 12 años de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Aquilino Florencio Mejía, compañero de los jóvenes y egresado de esa institución, sostiene que las nuevas detenciones y líneas de investigación sólo tendrán sentido si contribuyen a esclarecer su paradero.
Los normalistas fueron desaparecidos entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero. A unos días del aniversario, sus familias y sobrevivientes continúan reclamando verdad, justicia y una búsqueda efectiva.
Mejía afirmó que la pregunta central sigue pendiente: dónde están los estudiantes y qué ocurrió con ellos. Desde su perspectiva, las investigaciones deben priorizar la localización de los jóvenes y la información sustantiva para sus familias, más allá de anunciar nuevas detenciones.
“Nosotros no vamos a claudicar. No vamos a permitir que se olviden los compañeros”.
Una exigencia que permanece abierta
El compañero de los normalistas señaló que, a lo largo de los años, distintas administraciones federales han presentado conclusiones y líneas de investigación sin resolver la exigencia principal de las familias. También cuestionó que no se hayan explicado con claridad las rutas de búsqueda para localizar a los estudiantes con vida o determinar su paradero.
El Gobierno de México ha informado que el caso continúa como una prioridad de Estado y que se mantienen acciones de búsqueda, análisis de comunicaciones y revisión de nuevas líneas de investigación. En agosto de 2026, autoridades federales comunicaron a las familias que presentarían avances antes de la movilización prevista para el 26 de septiembre.
Mejía también recordó que, después de los ataques, algunos discursos oficiales y públicos estigmatizaron a los normalistas al presentarlos como delincuentes. Frente a ello, insistió en que los jóvenes eran estudiantes y que su historia no debe reducirse a señalamientos que desvíen la atención de los hechos.
La investigación sobre las consecuencias de la desaparición
Tras estudiar Psicología, Aquilino llevó su experiencia a la investigación en Antropología Social. Su trabajo analiza las consecuencias psicológicas y sociales que la desaparición de los 43 ha provocado en sus familiares y sobrevivientes.
La investigación aborda la historia de la represión y la desaparición forzada en México, con especial atención en Guerrero. También revisa procesos relacionados con la llamada Guerra Sucia, las luchas de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, así como la desaparición de Rosendo Radilla, para identificar continuidades y transformaciones hasta el presente.
Informes especializados sobre el caso Ayotzinapa han documentado impactos psicosociales persistentes entre familiares, sobrevivientes y otros grupos de víctimas. Entre las afectaciones descritas se encuentran el duelo suspendido por la falta de certeza, el desgaste emocional y los daños derivados de la incertidumbre y de las actuaciones institucionales.
Para Mejía, estudiar estas consecuencias también significa reconocer la dimensión humana de la desaparición y evitar que el caso quede reducido a expedientes, detenciones o disputas políticas. Su labor académica busca mantener visibles las experiencias de quienes han seguido buscando respuestas durante más de una década.
Memoria y acompañamiento a las familias
El egresado de Ayotzinapa agradeció a quienes han acompañado a las familias y han contribuido a mantener viva la memoria de los 43 estudiantes. Consideró que esa responsabilidad corresponde también a la sociedad y debe relacionarse con la defensa de otras familias buscadoras y comunidades afectadas por la violencia.
A su juicio, la organización colectiva puede ayudar a prevenir nuevas desapariciones y a exigir respuestas a las autoridades. Mientras el caso continúe sin una explicación completa sobre el paradero de los jóvenes, familiares, compañeros y sobrevivientes mantendrán la demanda de verdad, justicia y presentación con vida.

